Agustín Vial Armstrong

Nació en Santiago el 27 de julio de 1941. Fue el hijo menor de una familia de doce hermanos, formada por Fernando Vial Prieto, santiaguino, ingeniero y agricultor, y Clymene Armstrong, nacida en Valparaíso, dueña de casa. El año 1945, cuando tenía solo cuatro años, murió su mamá. Pese a todo, la familia creció siempre en un clima de normalidad, de alegría y de mucha amistad.

Sus primeras letras las aprendió en una Escuela Parroquial de San Lázaro; luego estudió en el Colegio San Ignacio. Allí fue formado en el rigor, en la fuerza de voluntad, en la disciplina, en la necesidad de superarse a toda costa.

Más tarde dio el Bachillerato y entró a la Universidad de Chile a estudiar Derecho, el año 1958. Sus años universitarios los vivió en un tiempo de mucho protagonismo de los jóvenes en la marcha de la Universidad y una preocupación muy grande por el avance del país. Estando en la Universidad empezó a participar en la Acción Católica, cuya espiritualidad era la transformación del medio en que se desarrollaban, dando testimonio de su vida cristiana.

Desde niño, Agustín fue muy religioso, en su casa se rezaba todos los días el Rosario. También se rezaba el Mes de María, iban a Misa todos los domingos, y celebraban la Semana Santa en forma bastante rigurosa, lo que se sumaba a la formación que recibía en el Colegio, y en los retiros ignacianos. Todo esto lo llevó siempre a vivir en una relación muy estrecha con el Señor.

Entró al Seminario el 19 de marzo de 1965, día de San José. En ese momento era Rector del Seminario de Santiago Monseñor Carlos González Cruchaga, de quien reconoce una fuerte influencia en su formación espiritual y en el descubrimiento de su vocación. También influyó en él Mariano Puga, a quien había conocido en la Pastoral Universitaria. Y en esa época hubo corrientes de espiritualidad que lo marcaron muy profundamente, como Carlos de Foucauld, pues “seguir su espiritualidad significaba vivir entre los pobres y servir al Señor en el prójimo que está marginado”.

El año 1971 recibió el subdiaconado, que significaba la consagración a Dios; era un tiempo sin ministerio, vivir para Dios, exclusivamente, en forma radical y absoluta.

Un año después, el 29 de marzo de 1972, fue ordenado diácono junto al Padre Florentino Molina, en la Catedral de Talca. Había venido a Talca el año 70, siendo seminarista.

Decidió permanecer siempre como Diácono porque el ministerio diaconal era directo, práctico y centrado en la caridad a los pobres. Casi recién ordenado, le tocó asumir en Talca la organización del Comité por la Paz, un hito muy importante en su vida porque lo ponía en contacto con el sufrimiento de los detenidos y de sus familias.

Entre sus tareas pastorales más importantes en la Diócesis de Talca recuerda con cariño su asesoría de la JEC (Juventud Estudiantil Católica); su participación en el Seminario Campesino, y en la creación del Seminario San Pablo de Rauquén.

Entre los años 1989 y 1992 encabezó el equipo ejecutivo del Sínodo Diocesano; fue parte de la Pastoral Juvenil, en la década de los noventa, buscando nuevas formas y métodos de evangelización. Su preocupación por los jóvenes también lo llevó a fundar en Talca el Hogar de Estudiantes Padre Enrique Correa, el año 2000, para que los hijos de familias con menos recursos pudieran venir a continuar sus estudios en la ciudad. Apoyó, asimismo, la reflexión y análisis de la Pastoral Social; fue Secretario Pastoral y, en los últimos años, ha sido un pilar importante en la Misión diocesana.

Al hacer un recuento de sus años en la Iglesia diocesana, Agustín señala que cada época tiene su encanto, y que lo más duro pero a la vez más satisfactorio en el plano del espíritu fue el trabajo en el Comité por la Paz, en los setenta. También recuerda la época del Seminario Campesino como una experiencia muy linda porque era como un horizonte de abrir la vida de consagración. Y la presencia en Villa Prat dice que lo ha marcado mucho, “ahí nos conocemos todos, nos queremos, peleamos, nos reímos y lloramos juntos”.


FINALIZACIÓN DE TALLERES Y LANZAMIENTO DE DISCO ANTOLOGIA FOLKLÓRICA DE HUALAÑÉ


PATRICIO MORENO, UN HUALAÑECINO TRIUNFADOR EN EL MUNDO DE LA ALTA COSTURA.

 

Patricio Moreno Pinto, tiene 40 años, sus padres son Hilda y Roberto, nació y creció en Hualañé, estudió en el Liceo y cuando lo vemos por nuestra ciudad solo es uno más de nosotros, quien sale a comprarle las verduras a su madre y a compartir con los vecinos con su estilo simple y simpático.


Pero en Santiago, él es Pato Moreno, un reconocido diseñador de Alta Costura, con su Atelier en pleno barrio de Alonso de Córdova, sector exclusivo de Santiago, donde atiende a sus clientas entre las que se cuenta Karen Doggenweiler, Raquel Argandoña, Andrea Molina, Daniela Castillo, ministras, diputadas y empresarias.

Una fría tarde de otoño nos recibe en su casa, podemos ver un vestido de novia que está en proceso de confección y nos cuenta que es para un desfile en el sur, que no es su estilo, pero que se acomoda al gusto de los sureños. Hojeamos una revista y vemos sus diseños publicados en ella y donde se destaca su trayectoria en el mundo de la moda, sus diseños contemporáneos, poniendo de manifiesto su pasión en las creaciones que dan por resultado trajes fascinantes.

¿Cómo comienza Patricio Moreno a ser Pato Moreno?

“Desde siempre me llamó la atención el diseño, tuve la suerte de conocer un diseñador cuando aún estaba en el liceo, y una vez que terminé mi enseñanza media, me fui a Santiago y comencé a trabajar con un diseñador conocido en el mundo de la alta costura, de hecho estaba entre los tres mejores de ese tiempo, aprendí todo lo que a diseño y corte podía. Yo soy un autodidacta, nunca estudié ni fui a ninguna escuela de diseño; después de seis años me sentí preparado para crear mi propia marca.”

¿Y cómo fue ese proceso?


Rápido, salí en una revista, luego fui cotizado en la televisión, me llamaron a hacer desfiles y con grandes diseñadores. Mis diseños comenzaron a ser desfilados por modelos de alta costura reconocidas en el ámbito de la moda. Incluso soy un referente para los nuevos diseñadores lo que me hace sentirme extraño, ya que el proceso de ser conocido fue corto, pero a las personas les gusta mi trabajo; cuando voy a comprar me dicen que las personas llegan con revistas para comprar telas y hacerse un vestido igual al que aparece; eso no me molesta para nada, todo lo contrario me simpatiza.

Cuéntanos un poco cómo es el trabajo de un diseñador

Yo tengo mi atelier donde trabajo con cinco personas; diseño y corto y ellos montan los moldes. Cada diseño es único. Se preparan dos colecciones al año: la primera se lanza en febrero, de Otoño-Invierno y la segunda en agosto, de Primavera-Verano. Se realizan desfiles con 40 a 45 salidas a la pasarela; algunos vestidos se venden y los demás se muestran en otros desfiles. Yo recorro de Arica a Punta Arenas en distintos desfiles, también he estado en el extranjero como en el Fashion Week en Asunción, Paraguay y en Buenos Aires. Esto dura seis meses hasta que comienza la nueva colección.

¿Y cómo es el mundo de la moda?


En el mundo de la moda no se tiene amigos, se privilegia el ego por sobre todo, pero yo tengo muy buena relación con todos. Te puedo decir que soy muy amigo de las modelos más conocidas, me invitan a sus cumpleaños, pero es un contraste este mundo tan diferente a mi realidad cuando voy a Hualañé, yo viajo en bus, y llegó allá y me mandan a comprar y me adapto y sigo siendo un hualañecino de corazón; nunca olvido mis raíces.

¿Algún sueño por cumplir?

Llevo ocho años en la alta costura de este país, mis sueños están cumplidos con creces; todo lo que puede querer un diseñador yo lo he logrado: mis diseños aparecen en revistas y televisión, realizo desfiles con modelos top, he vestido mujeres importantes, hace poco fui llamado por CNN Internacional para comentar la boda de Kate Middleton y siempre se me está preguntando mi opinión en diversos acontecimientos.

Pero tengo un sueño por cumplir y es de realizar un desfile de Alta Costura con mis diseños en Hualañé, con modelos conocidas y acercar este mundo de la moda a mi pueblo que siempre llevo en mi corazón.

¿En qué se encuentra Pato Moreno en estos momentos?

Desarrollando la colección Primavera Verano, que se comienza a mostrar en agosto y para el primer fin de semana de este mismo mes viajar a Puerto Varas a mostrar mi trabajo.


Terminamos la entrevista ya siendo de noche, comienza a sentirse el frío, pero en la casa de Pato Moreno lo que sobra es la calidez humana.

Nos despedimos, no sin antes dar una mirada a un probador desde donde apreciamos varios vestidos y no podemos dejar de pensar algún día verlos puestos en bellas modelos desfilándolos en algún lugar de nuestra ciudad.

 


Una peculiar situación viven los pasajeros que viajan desde Iloca a Curicó y sus intermedios, cuando el chofer de un minibús, invita a un alto en el camino.

 

UN VIAJE EXPRESS.

 

     Son las 10:30 de la mañana de un jueves cualquiera. El minibús San Andrés que viaja desde Iloca a Curicó detiene su marcha a la salida de Hualañé. Ágilmente el chofer anuncia a los pasajeros que se realizará una rifa, sin costo, en donde sorteará premios que ganaran simplemente con el número de asiento. El pasajero más cercano al afable conductor es convidado a meter su mano en una bolsa y extraer un número: “¡El 23!”. Una sorprendida señora de la parte de atrás del micro mira casi avergonzada mientras recibe el premio, un paño de cocina que agradecida guarda en su cartera, a la vez que el conductor ya invita a sacar de la bolsa otro número: “¡El4!”. Las miradas buscan los asientos de la entrada. Un incrédulo señor de compuesto modo sonríe mientras recibe su premio, otro paño de cocina que muestra como trofeo al resto de los pasajeros. Entre risas y comentarios se pide silencio pues viene otro premio: “Un reloj mural” .El chofer anuncia: “¡El 16!” Todos miran el asiento en donde un fornido hombre duerme.”¡Hey…amigo!”, lo mueven levemente. El hombre mira y recibe lo que en sueños ha ganado. “No crea que es un reloj despertador”, alguien dice, todos ríen. Otra vez silencio pues se sortea ahora el premio mayor: “El pasaje gratis”. Los pasajeros del minibús espera atento la voz del chofer que dice: “El… ¡14!” Una joven mujer grita y se abraza con su amiga, muy contenta dice a todos que ella, y solo ella, está sentada en el asiento número 14. Muestra el valor de su boleto, el chofer le pregunta su nombre y le ratifica que este viaje de Licantén a Curicó le es gratis. “Nunca en mi vida había ganado un premio”, comentó la mujer con gran satisfacción. El minibús retoma su marcha. El viaje ya no es lo mismo. Por un largo rato, el trayecto será una sonrisa dibujada en la cara…


DON BAUCHA Y SU NOBLE OFICIO DE LA TALABARTERÍA.

En calle Libertad, frente al Registro Civil de la ciudad se ubica un local que pasa casi desapercibido por su sencillez. Un pequeño cartel que reza " Talabartería Bauchita", nos hace tener una idea de lo que podemos encontrar al entrar en él.

Nos recibe muy amablemente don Luis Osvaldo Gómez Naranjo, más conocido como don Baucha, nacido y criado en Hualañé, dedicado al trabajo en cuero natural y que cuando le preguntamos su edad nos mira muy coqueto y nos dice: "no me va a creer, pero ya estoy casi en los ochenta", y casi sin pausa nos comenta: "¿ve aquel caballito? gané un millón de pesos con él"; el caballo al que se refiere es un caballar de plástico forrado en cuero, de no más de cincuenta centímetros, que se encuentra con su montura completa y que con orgullo nos muestra para que veamos su prolijo trabajo y con el cual en un Concurso de Artesanos en Curicó, hace ya cuatro años, ganó el primer lugar y la no despreciable suma del millón de pesos, "ese día llegué atrasado así que saqué mi caballito del bolsillo y fue la admiración de todos inmediatamente, incluso el municipio me regaló un diploma por mi premio" y vuelve a mostrarnos orgulloso su reconocimiento.

Nos llama la atención su local, sin mayores comodidades más que una silla de mimbre, una antigua máquina de coser, fotos de sus nietos en las paredes y varios cinturones colgando a la entrada además de dos monturas, no hay luz ni calefacción, solo don Baucha y sus laboriosas manos; le preguntamos a qué edad comenzó a trabajar el cuero y nos responde " a los cinco años ya empecé a ayudar a mi padre, quien me enseñó lo que sé. Entre los dos llevamos más de 130 años de trayectoria en el negocio; mi trabajo me ha permitido criar y educar a mis dos hijas, recuerdo las palabras de mi padre "hombre, hay que trabajar bien" me repetía y eso nunca lo he olvidado. Yo tengo mis clientes y fíjese que una montura de carpincho que es un cuero argentino muy caro eso sí, vale $1.500.000.- y tengo clientes que pagan esa cantidad, bueno hago otras que valen $300.000.-, pero siempre haciendo el trabajo bien y de buena calidad y soy el único acá en Hualañé que hago esto".

Don Baucha además confecciona cinturones, estribos, taloneras, jaquimones, todos los implementos de huaso. Una montura tarda cerca de dos semanas en hacerla y también repara las deterioradas por el uso poniendo siempre todo su empeño y cariño en lo que realiza.

Le preguntamos si piensa ya descansar de su oficio y nos responde rotundamente "no, yo me voy a morir aquí, esto es lo que me da vida, me gusta mi trabajo, es una pena que ya ha nadie le interese hacer esto, sabe, tengo muchas ganas de enseñarle a mi nieto para que aprenda, pero él vive en Santiago. Parece que nadie va a seguir la tradición de la familia, y es una pena, pues me gustaría mucho enseñar todo lo que sé".

Nos despedimos con la sensación de estar frente a una de esas personas que ama su trabajo y que realiza un noble oficio que con el paso de los años se va perdiendo inexorablemente, en una sociedad más preocupada de hacer cosas rápidas pero desechables.